En artículos anteriores de nuestro sitio, hemos descrito algunas prácticas sexuales bajo el rótulo de Sexo Underworld, denominación que elegimos pues son prácticas que no son precisamente masivas y que no se anuncian con bombos o platillos y que, por supuesto, causan cierto escozor cuando son trasladadas como tema de conversación a una reunión o sobremesa de personas comunes. Ciertamente, los tabúes sexuales se ciernen desde hace cientos de años en que son comenzados a ver como algo prohibido que debía mantenerse oculto de la superficie de la retórica. Pero hubo un tiempo al que la ley de la relatividad Einstein alcanzó y lo que ahora es Sexo Underworld era perfectamente normal y una escena más de la vida común y rutinaria. Quizá uno de los casos más saltantes a este respecto lo encontramos en el próximo oriente, específicamente en la región de la Mesopotamia, donde el sexo se vivía sin tapujos y más bien gozaba de un constante aliento para su práctica y no decimos en el hogar sino elevado a la atmósfera de un templo, como un ritual bien establecido y cuyo objetivo básico era el mero placer, relegando a la procreación a un segundo plano.

Imagen tomada de Flickr por jrffotos
Al mencionar esta región, básicamente hacemos referencia a las culturas Sumeria y Babilónica que se asentaron alrededor de lo que hoy es Irak. En aquellos tiempos, el sexo se practicaba dentro del templo. Allí se encontraban las sacerdotisas de la diosa Belit-Ishtar y totalmente a disposición de los fieles. Hablamos de cientos de personas que se congregaban para tener sexo. Los fieles se encontraban en la capacidad de acercarse a la mujer que quisieran y establecer los primeros vínculos para sembrar en ellas el deseo y en minutos pasar a la –imagino- frenética cópula.

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En lo que respecta al
Si hablamos de tener relaciones sexuales, hay muchos elementos que serán nuestros “objetos de deseo” puesto que mientras los tengamos en cuenta podemos hacer que la otra parte, aún sin ser estimulada mediante el tacto, tenga mucha satisfacción solamente con ver a su pareja. Existen algunos elementos que si bien no necesariamente son recurrentes en las parejas, ayudan mucho a estimular el acto sexual en sí, puesto que incrementan la excitación en ambas partes. Veamos a continuación cuáles son estos.


